DANTE
La tenía atrapada bajo mi cuerpo, y verla retorcerse entre dolor y placer fue como un veneno dulce corriendo por mis venas. Introduje mis dedos en su intimidad, y el calor húmedo de Giulia me quemó más que cualquier fuego. Ella arqueó la espalda, se estremecía con cada movimiento, y yo me descubrí disfrutando de algo que jamás pensé que pudiera soportar.
Toda mi vida el contacto de piel ajena había sido insoportable. Con otras mujeres, siempre lo hacía con guantes, como si tocarlas fuera