GIULIA
Caminaba de un lado a otro en mi habitación, con el corazón desbocado y las manos aún temblando. La sola presencia de Marcella en esta casa era como una bomba a punto de estallar. Ella lo sabía… sabía quién era Riccardo. Y lo peor: siempre había sentido algo por él. Lo noté desde el primer momento. Cuando descubrió que Riccardo me miraba a mí con otros ojos, me declaró la guerra sin reservas. Desde entonces me odió mucho más de lo que ya lo hacía.
No podía perder más tiempo. Si no lo ad