GIULIA
Desde la ventana, observaba cómo Leo subía al auto con pasos pesados, la cabeza gacha. Marco cargaba la maleta y la acomodaba en la cajuela. Sentí un nudo en la garganta.
—Es tan injusto… —murmuré, apoyando la frente contra el cristal frío—. Es apenas un muchacho.
Fiorella, de pie junto a mí, cruzó los brazos.
—Dante siempre ha sido estricto. No conoció otra forma de vivir. —Su voz era tranquila, casi resignada—. Se convirtió en líder muy joven, cargando con la familia, con la organiza