DANTE
El estruendo del disparo retumbó detrás de mí. Todos se tiraron al suelo, incluido Máximo Volkov, que todavía mantenía a Giulia como escudo. Giré apenas el rostro y vi a Riccardo con el arma humeante, su mirada fija, sin titubear.
Corrí hacia ellos. Arranqué a Giulia de sus manos, sujetándola por la cintura mientras le apuntaba directo a la frente a Máximo.
—Entrar a mi casa y amenazar aquí… grave error —escupí las palabras.
Dos de mis hombres se acercaron y lo inmovilizaron, obligándolo