GIULIA
Me sentía avergonzada, con el rostro aún ardiendo por lo que había ocurrido en la oficina de Dante. Sin decirlo claramente, lo había hecho: rechacé a Riccardo frente a él. Y aunque mis palabras fueron torpes, lo que más me atormentaba era la mirada de Dante, esa risa cruel con la que parecía disfrutar de cada vacilación mía.
Intenté concentrarme en la cena, pero era imposible. La supuesta sorpresa que Dante me tenía preparada me perseguía con cada movimiento: ¿me enviaría lejos, como hab