GIULIA
La mañana había sido tranquila, demasiado tranquila para esta casa. En la casa nadie despertó con hambre. Dante salió muy temprano, Claudia aún no se levantaba desde anoche. Leo tampoco había bajado para tomar el desayuno.
Mis chicas ayudantes estaban concentradas en aprender a picar verduras sin que el cuchillo pareciera un arma letal. Yo estaba justo explicando cómo lograr que una salsa quedara sedosa cuando Aurora entró como una ráfaga.
—Giulia, necesito que prepares algo para Leo. N