GIULIA
Nunca imaginé que un día vería a Riccardo en la misma casa que Dante, el rey de la mafia italiana. La escena parecía una broma pesada.
Me quedé paralizada al verlo sentado tranquilamente en mi cocina, con una servilleta en el cuello comiendo como si se encontrara en un restaurante.
—Gracias por todo chicas, yo me encargo del invitado. —le indiqué a mis ayudantes.
Me acerqué con cautela y le hablé en voz baja, como si temiera que el aire mismo escuchara.
—¿Qué haces aquí, Riccardo? ¿T