El agua aún resbalaba por mi espalda cuando salí de la ducha. El vapor seguía impregnando el aire. Me até la toalla a la cintura sin prisa, dejando que el vaho se disipara mientras caminaba por la habitación. No me gustaba salir de la ducha y encontrar a alguien aquí. Mucho menos a ella.
Claudia estaba recostada en la ventana, una pierna cruzada sobre la otra, su silueta envuelta en un albornoz rojo, encendiendo un cigarrillo con esa expresión de hastío que le era tan natural. Dio una calada lar