Narrado por Alessandro
La casa olía a café rancio y a humo viejo cuando regresé, pero no era la mansión la que me esperaba: era el rostro duro de la noche y la certeza de que el círculo debía cerrarse. Fafa nos había dado un hilo. Tiré de él; la cuerda desenredó nombres, rutas, pequeñas venas que conducían a arterias más grandes. No era suficiente usar la prisión como advertencia. Había que reinstaurar el miedo con voz alta y gesto visible.
Marco me esperaba en la sala de operaciones. Sus ojos