Alessandro
La casa estaba en silencio cuando llegué.
No era un silencio muerto, sino uno cuidadosamente sostenido, casi disciplinado. Luces bajas programadas para la noche, el reloj del pasillo marcando los segundos con una precisión que rozaba la obsesión, el murmullo lejano del agua cayendo en el piso superior. Una ducha. Isabella estaba despierta.
Siempre sabía cuándo lo estaba. No necesitaba verla ni oírla respirar para estar seguro.
Me quité el abrigo con movimientos lentos, metódicos, dej