El sonido de mis tacones resonó con una fuerza que parecía multiplicarse en el eco del lujoso lobby. Cada paso me sabía demasiado fuerte, demasiado evidente, como si todo el mundo pudiera escuchar no solo mis movimientos, sino también los latidos desbocados de mi corazón.
El edificio de la empresa Moretti imponía desde la entrada. Cristales impecables que reflejaban la luz del sol como si fueran espejos, mármoles claros que parecían recién pulidos y un aire frío, cargado de un perfume costoso q