La puerta de la villa se abrió y, antes de que Damián pudiera cerrarla, Lucía se lanzó sobre él. Le rodeó el cuello con los brazos y le plantó un beso profundo y lleno de un alivio tan intenso que les dejó a ambos sin aire, apoyados contra la pared del recibidor.
Desde el salón, se oyó una voz clara y fingidamente ofendida.
—¡Al cuarto,tórtolos! ¡Que no hay que comer pan frente al hambriento!
Era Vijay,que asomaba la cabeza con una sonrisa burlona y las orejas ligeramente enrojecidas. Los tres