La puerta de la villa se abrió y, antes de que Damián pudiera cerrarla, Lucía se lanzó sobre él. Le rodeó el cuello con los brazos y le plantó un beso profundo y lleno de un alivio tan intenso que les dejó a ambos sin aire, apoyados contra la pared del recibidor.
Desde el salón, se oyó una voz clara y fingidamente ofendida.
—¡Al cuarto,tórtolos! ¡Que no hay que comer pan frente al hambriento!
Era Vijay,que asomaba la cabeza con una sonrisa burlona y las orejas ligeramente enrojecidas. Los tres rieron, un momento de ligereza inesperado que disolvió la tensión de las últimas horas.
Veinte minutos después, la atmósfera había vuelto a ser de concentración profesional. Estaban en el "salón de mando", con la pantalla gigante encendida. Vijay mostraba planos, esquemas de seguridad y horarios.
—La mansión de Antoine Lumiere es una fortaleza discreta —explicaba Vijay, señalando diferentes puntos en el plano—. Cercado perimetral, cámaras de visión térmica, guardias con patrullas aleatorias. El