Damian subía las escaleras del edificio de apartamentos en silencio, el espacio olía a humedad y a pintura reciente, iba justo jn peldaño detrás de Javier, con tres agentes tácticos más cerrando la formación. Todos vestían ropa oscura, sin insignias, y llevaban armas cortas con silenciador. El único sonido era el crujido ocasional de una tabla suelta y el roce de la ropa contra la pared.
Mientras ascendía, el recuerdo de la conversación con Lucía le atravesó la mente con la nitidez de un cuchillo.
Había sido la noche anterior, en la cocina de la villa. Ella, de pie frente a la ventana, con los brazos cruzados como protegiéndose.
"Es una locura, Damián. No vale la pena. No así," había dicho, sin mirarlo.
"Es el único modo, Lucía. La única forma de soñar con un futuro en el que seamos realmente libres. Sin mirar atrás."
Ella se había vuelto entonces, y su rostro no mostraba ira, sino un dolor profundo, crudo. "¿Y si ese futuro nunca llega porque mueres en el intento? ¿Eso es libertad pa