Lucía despertó lentamente, la conciencia regresando a un cuerpo que aún sentía las secuelas del cansancio y la tensión, pero bañado en una calma desconocida. No era la habitación estéril de la instalación segura. Era una villa austera, de muebles de madera clara y líneas simples, en algún lugar rodeado de silencio y naturaleza.
Giró la cabeza sobre la almohada. Damián dormía a su lado. Profundamente. Su rostro, por fin relajado en el sueño, mostraba las huellas de las últimas semanas: una ligera sombra bajo los ojos, la línea de tensión en la frente algo más suave. Dormía de lado, vuelto hacia ella, un brazo extendido sobre la cama como si, incluso inconsciente, buscara mantenerla cerca.
Verlo así, vulnerable y en paz, desencadenó el recuerdo nítido de la conversación que había tenido lugar días antes, después de su declaración formal ante los agentes de Interpol. La habitación de la instalación segura, ella sentada en la cama, él de pie junto a la ventana, incapaz de mirarla directa