Lucía llegó a la oficina sintiendo el peso de la memoria USB escondida en casa como si fuera un ladrillo en su conciencia. A media mañana, Adrián apareció.
—Te veo tensa —comentó, recostándose en la entrada de su cubículo—. ¿Rojas te ha puesto otro informe imposible?
—Algo así —mintió Lucía, sin levantar la vista.
—Oye, en confianza —bajó la voz—, te he visto un par de veces algo cerca de Javier, el abogado. Lo he visto dos veces saliendo a tomar café con tipos que no son de aquí. Trajes caros,