Lucía cerró la puerta de su apartamento y dejó caer las llaves y el bolso en la mesa de entrada. El silencio habitual le golpeó los oídos, pero esta noche era distinto. Traía un eco.
Se fue directo a la cocina, sirvió un vaso de agua y lo bebió de un trago, apoyada en la encimera. Entonces lo recordó, con una claridad que le hizo fruncir el ceño.
La memoria USB. Estaba en el bolsillo interior de su chaqueta.
Había sido un impulso. Un puro y duro instinto de supervivencia. Después de encontrar el archivo monstruo y de hablar con Damián, su mente no paraba de dar vueltas. «¿Y si lo borran? ¿Y si Damián no puede llegar a tiempo? ¿Y si esa es nuestra única baza y la perdemos?»
Así que, esta mañana, antes de que nadie llegara, lo hizo. Abrió el servidor, localizó el «V_Gastos_Generales_2022.bin», conectó su USB personal y le dio a copiar. Los diez minutos más largos de su vida, mirando la barra de progreso como si fuera una cuenta atrás para su propia detonación. Había llegado Adrián justo