Damián observaba las pantallas, los ojos cansados pero alertas. Vijay, en videoconferencia, marcaba coordenadas en un mapa. Llevaban horas descartando falsas pistas cuando la puerta se abrió de golpe.
Elena Vance entró corriendo. Damián se sobresaltó, instintivamente retrocediendo en su silla. Verla allí, otra vez allí, con el cabello despeinado y la respiración agitada, era tan incongruente que por un segundo pensó que era una alucinación causada por los analgésicos.
FLASHBACK
Elena cerraba la puerta de su habitación en el hospital. Damián, aún aturdido por el dolor y la revelación de Javier, la miró con absoluta incredulidad.
“¿Qué haces aquí?” gruñó, su voz ronca.
“Escucha”, dijo ella, sin acercarse más. “No tenemos tiempo. Mi padre descubrió la verdad sobre Salgado hace años. Comenzó a colaborar en secreto con Interpol. Yo fui reclutada para mantener la fachada y acercarme a ti, para infiltrarme en el círculo de Salgado sin levantar sospechas.”
Damián intentaba procesarlo, pero el