Mundo ficciónIniciar sesiónLucía llegó a su apartamento y cerró la puerta con la espalda, como si pudiera bloquear el mundo exterior. El día pesaba en sus hombros: la memoria USB oculta, las palabras de Elena clavadas como cuchillas, la sonrisa calculadora de Javier, las advertencias de Adrián que ahora parecían una trampa en sí mismas. Y Damián. Siempre Damián. Tan cerca y tan lejos, atrapado en su propio papel.
Sin fuerzas ni para cambiarse, se dejó caer en el sofá. El silencio de su casa era un alivio por un segundo, hasta que su mente empezó a reproducir cada mirada, cada palabra sospechosa. El cansancio, sin embargo, fue más fuerte. Se quedó dormida casi sin darse cuenta, con la luz del atardecer filtrándose por la ventana. Despertó desorientada, con el cuello dolorido y la ropa de trabajo arrugada. Miró el reloj: habían pasado dos horas. Decidió que un baño caliente era lo único que podía salvarla. Dejó que el agua casi hirviendo le cayera por la espalda, soltando la tensió






