Mundo ficciónIniciar sesiónAl otro lado de la puerta no había policías. Había un problema.
Un hombre al que no conocía, de unos cincuenta años, ojos azules y pelo canoso.
—¿Quién es usted? —No me dio buena impresión. Algo en él me resultaba peligroso.
—Aparta. No voy a tratar con oportunistas.
El intruso me empujó con una fuerza inesperada, haciéndome perder el equilibrio y caer de espaldas. Inmedi







