Habían pasado varios días. Miguel se negaba a darnos información, pero había cumplido su palabra: ropa limpia, libros... incluso un violín y una guitarra. Nos estaban cuidando, demasiado me parecía. Lo cual me resultaba inquietante.
¿Por qué secuestrarnos y tomarse tantas molestias con nosotras? No eran productos de lujo, pero ¿los instrumentos?
Nos encontrábamos practicando una canción las dos juntas cuando se abrió la puerta. La primera en parar la melodía fui yo, con Julia apenas un par de n