Esa noche fue consumida por la miseria, estaba cansada, y su único resguardo fue una botella de vino que bebía sin descanso.
Su melancolía aumentaba conforme aquella promesa vacía que le había prometido a la loba tanto tiempo atrás, ahora solo sería sumida en sus pensamientos.
De alguna manera a pesar de ser una prostituta había encontrado la forma de enamorar a la Alfa qué lloraba su partida en su oficina, observó con enojo el mapa qué había marcado con aquellas aldeas aventando con fuerza la