Aquel castigo de palabra quedó estipulado por la reina; se marcó un límite y para aumentar la tensión qué se sentía, para demostrar su enojo, no lo dejó entrar al carruaje.
Lo mandó a cabalgar con la tropa afuera mientras qué adentro, las cortinas permanecían cerradas, sin una pizca de luz que pudiera traspasarlas y así aumentar el misterio.
Reed trataba de ver a través de ella, buscando con su mirada la sombra de la reina, sin hallar la silueta de su rostro.
Dentro, no había más gracia que la de Sky acostado en el asiento del príncipe, con la mirada triste, las patas estiradas y leves sonidos saliendo de su boca.
Nysa por su parte, estaba preocupada por él, tenía una mano a la altura de su mentón, una expresión fría y severa y miles de pensamientos recorrían su cabeza.
El lobo apenas tembló luego de que una rueda brincaba por una piedra, conmovida por él se acercó, acarició su cabeza apoyándose en sus rodillas, su cabeza la recostó a un lado de su brazo mientras sus dedos masajeaban