Mabel
Desperté con los ojos hinchados, la garganta ardiendo y el cuerpo pesado, como si hubiera peleado contra alguien, y si lo hice, estuve luchando contra mí misma.
Me incorporé despacio, sintiendo el vestido arrugado pegado a mi piel. No recuerdo siquiera haberme dormido, pero sí recordaba el llanto y el silencio.
—Buenos días… —susurré para mi bebe, mientras quitaba mi vestido, fui a la ducha y el espejo me devolvió una imagen que no reconocí: ojos rojos, piel pálida, cabello enredado y lab