Faddei
Los días siguientes fueron tranquilos, demasiado tranquilos para nosotros, Mabel no volvió a mencionar mis errores y tampoco a recordarme que la usé, digamos que fue una tregua pacífica y yo la acepté como un regalo.
La casa estuvo en calma, sin reuniones y sin visitas innecesarias, por primera vez en años, desayuné sin revisar el teléfono cada tres minutos.
—Hoy lo sabremos al fin. —dijo colocándose a mi lado frente al espejo.
Llevaba un vestido blanco que resaltaba su vientre con del