Faddei
El restaurante estaba cerrado al público cuando llegamos nos esperaban, tal como lo pedí había comida caliente.
Mabel respiró profundo apenas cruzamos la puerta.
—Huele delicioso. —dijo.
—Buenas noches mis señores, sean bienvenidos.
—Gracias por recibirnos a esta hora. —Mabel respondió con amabilidad.
—Estamos para servirle, este lugar es suyo.
—Lo sé, pero ya deberían estar en casa.
Avanzamos y la ayudé a sentarse en la mesa.
—¿Qué me miras? —Dijo mientras acomodaba su cabello.