La madrugada nos dejó sin aliento y con la sensación pegajosa de haber rozado algo prohibido. Creí que podíamos volver a casa y fingir normalidad. Me equivoqué.
Apenas amanecía cuando mi teléfono vibró. Un número desconocido. Abrí el mensaje con las manos todavía entumecidas por la noche: “Cuenta en revisión. Todos los movimientos están bloqueados.”
No había firma. No hacía falta. Era la primera ola.
—¿Qué significa eso? —pregunté sin saber a quién. Sebastián maldijo bajo la respiración.
—Que