El sonido del agua en la regadera era mi única oportunidad. Julián había dejado su laptop abierta sobre el escritorio del estudio. La pantalla, como un faro en la penumbra, me llamaba con un brillo tentador y peligroso.
Respiré hondo, sentí el pulso retumbar en mis sienes y me acerqué despacio.
Contraseña.
El primer obstáculo. Mis dedos temblaban sobre el teclado. ¿Qué usaría? Probé mi fecha de cumpleaños. Nada. Su fecha de nacimiento. Tampoco.
El ruido del agua seguía, pero cada segundo era un