El aire de la noche me raspaba la garganta mientras las palabras de Sebastián aún resonaban:
“Julián nunca llegó a tu vida por casualidad.”
Lo miré con los ojos desorbitados, con la urgencia de quien necesita una verdad aunque duela.
—Explícate.
Él abrió la guantera del coche y sacó una carpeta negra, gruesa, gastada en las esquinas. La colocó sobre el asiento del copiloto y me hizo una seña.
—Mira por ti misma.
Con manos temblorosas, abrí la carpeta. Dentro había copias de documentos, fotograf