La nota arrugada seguía dando vueltas en mi cabeza.
“Gracias por anoche. No puedo esperar a repetirlo. – C.”
Cada letra era un golpe, una daga que se me clavaba más hondo. Julián podía negarlo todo, podía envolver sus mentiras con sonrisas y promesas, pero las pruebas se acumulaban.
Esa mañana me miré al espejo antes de salir de casa. La mujer que me devolvía la mirada tenía ojeras profundas y los labios apretados. Una desconocida. Una que ya no podía quedarse de brazos cruzados.
Tomé las llave