El aire de la mañana estaba impregnado de humedad, como si el bosque entero hubiera despertado con ella. Lia caminaba entre los árboles con pasos ligeros, el rocío aún prendido en las hojas y los rayos del sol filtrándose en haces dorados que caían sobre su cabello.
A su lado, Cassian, en su forma de lobo, la seguía de cerca. Su pelaje oscuro brillaba bajo la luz matinal, y cada movimiento suyo irradiaba una fuerza contenida, un poder salvaje que a Lia no dejaba de asombrarla.
Ella reía, una r