Los días habían comenzado a correr con una calma engañosa, como si el bosque mismo contuviera la respiración antes del inminente rugido de la guerra.
Los lobos entrenaban desde el amanecer, sus movimientos precisos resonaban como un solo latido en la tierra húmeda. Cassian se movía entre ellos, impartiendo órdenes con voz firme, su figura erguida y poderosa destacando entre la neblina matinal.
Lia los observaba desde una de las colinas, rodeada de los niños de la manada que recogían flores sil