El aire del bosque estaba cargado de electricidad. Cassian avanzaba entre la maleza, la forma de lobo descomunal se reducía mientras recuperaba su forma humana, dejando ver al alfa humano, imponente y decidido, con la mandíbula tensa y los ojos ardiendo en un dorado furioso. Frente a él, Dorian sostenía la mirada, sereno pero desafiante, con un brillo peligroso en los ojos que decía claramente que no iba a retroceder.
—¿Cómo te atreves? —gruñó Cassian, cada palabra como un filo de cuchillo—. ¡C