El bosque estaba envuelto en un manto oscuro, pero los ojos de Lia brillaban con una luz propia, una mezcla de miedo y determinación.
Cassian se colocó frente a ella, el pulso firme, respirando con control, como si pudiera absorber cada temor que ella sentía y transformarlo en fuerza. Dorian también se mantuvo firme junto a ella, listo para enfrentar cualquier peligro que se atreviera a acercarse.
—No te alejes de mí —murmuró Cassian, tomando su mano—. Te llevaré de vuelta a la cabaña. Allí es