– El trapo y los narcisos
Alondra sintió que el espacio de la casa se encogía a su alrededor. Con el corazón en la garganta, regresó a su habitación con paso firme, decidida a empacar sus cosas y marcharse. Pero al pasar por la sala, escuchó la voz grave de Carlos.
—Seguro estás pensando en irte a la Cumbre… —dijo sin apartarle la mirada—. Siempre que las cosas no marchan bien, alzas el vuelo.
Carlos acompañó sus palabras con un ademán de las manos, como si desnudara su pensamiento.
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