Eliza
Me metí en la cama sin saber dónde demonios estaba Bastián. No había vuelto a la habitación y yo tampoco lo había buscado. Tal vez estaba en su despacho, tal vez se había largado de su casa, como si yo no existiera.
Y ¿sabes qué? No importaba.
No era su prometida, ni siquiera su novia. Él mismo se encargó de recordármelo, con esa frialdad suya que me sacaba de quicio y me rompía un poco por dentro cada vez que hablaba así.
Pero joder… mentiría si dijera que no dolió. Porque sí, claro que