Bastián
Con la cadera apoyada en la encimera, tomé un sorbo de whisky, el hielo tintineando suavemente contra el cristal. Desde donde estaba, no podía dejar de mirar a Eliza. Estaba acurrucada en el sofá, con un libro abierto sobre las rodillas y una copa de vino a punto de derramarse, sujeta con pereza entre sus dedos.
Vestía una camiseta roja que dejaba un hombro al descubierto y unos shorts azul claro que enseñaban más pierna de la que cualquier hombre cuerdo podría soportar. Era un estallid