Mundo ficciónIniciar sesiónLa casa estaba envuelta en una calma tibia, de esas que llegan con el amanecer cuando la luz entra despacio por las cortinas. Emma estaba sentada en el sofá del salón, el cabello desordenado cayéndole sobre los hombros, el rostro pálido por las noches en vela. En sus brazos, el pequeño Eugene descansaba, acurrucado y dormido mientras mamaba con esa paz inocente que solo los recién nacidos tienen.
Sus pequeños dedos se enredaban en el borde de la blusa de Emma, y ella, con la mirada fij







