La tarde había caído sobre Londres con la suavidad melancólica de una lluvia tenue. El viento golpeaba los ventanales de la casa de los Rothwell, y el olor a tierra mojada se filtraba por los corredores. Emma estaba en la sala, con una taza de té humeante entre las manos, intentando ignorar el peso de sus pensamientos.
Llevaba días sin responder del todo los mensajes de Harry. A veces escribía un “estoy bien”, otras simplemente dejaba sus notificaciones sin abrir. No era que quisiera alejarlo, p