Emma sentía que el corazón le latía con fuerza, casi en los oídos. Todo se había salido de su control tan rápido que apenas comprendía cómo habían llegado a ese punto. La noche era fresca, una ligera brisa movía los cabellos que se escapaban de su peinado, y frente a ella, bajo la luz amarillenta del farol del jardín, estaba Harry… con esa expresión entre sorpresa, enojo y desconcierto que le atravesaba el alma.
Richard intentó hablar, pero Emma se adelantó, alzando una mano con firmeza.
—Por fa