El apartamento estaba en silencio cuando se escucharon tres golpes discretos en la puerta. Liam levantó la vista del cuaderno donde tomaba notas sobre lo que recordaba de la empresa y caminó cojeando hasta la entrada. Al abrir, una figura familiar apareció en el umbral: un hombre de cabello castaño claro, traje azul marino y rostro amable, aunque algo demacrado por las ojeras.
—Charlie —dijo Liam con una sonrisa leve.
—Señor Rothwell —respondió el asistente, visiblemente aliviado—. No sabe cuán