La mañana comenzó como cualquier otra en la casa Rothwell. La luz del sol se filtraba entre las cortinas color marfil de la habitación, bañando de un brillo cálido los muebles y el rostro dormido de Violeta. El sonido de Atenea saltando sobre la cama la hizo abrir los ojos con una sonrisa ligera. Acarició la cabeza de la gata, que ronroneaba satisfecha, y se incorporó lentamente.
Era un día más en su rutina, y aunque la paz había vuelto poco a poco a su vida, aún quedaban rastros de la tensión v