Siete meses habían pasado desde aquel día en que el caos parecía no tener fin. Londres se vestía con la claridad templada de la primavera que ya rozaba el verano; los parques estaban cubiertos de flores, y el aire suave traía el aroma fresco de los jardines. Por primera vez en mucho tiempo, la vida de Violeta se sentía en equilibrio.
Su rostro aparecía en revistas y vallas publicitarias, no como la esposa de un heredero, sino como la nueva imagen de la empresa Rothwell Gourmet. Su talento en la