La mañana del juicio amaneció gris, con un cielo encapotado que parecía presagiar lo inevitable. El edificio del tribunal se erguía solemne en el corazón de Londres, rodeado de reporteros, cámaras y una multitud que se agolpaba para ver al heredero Rothwell enfrentarse a los cargos más escandalosos de los últimos años.
Violeta bajó del auto con el corazón encogido. Las manos le temblaban, pero aun así las mantenía firmes sobre la carpeta que llevaba contra el pecho. Emma, a su lado, le susurró