El amanecer en Londres tenía ese tono gris que tanto le gustaba a Violeta. Después de tantos días en casa, la rutina del hospital y la oficina le hacía falta, aunque la idea de enfrentarse otra vez a los pasillos llenos, los comentarios y las miradas curiosas la ponía nerviosa. Aun así, esa mañana decidió vestirse con decisión.
Eligió una blusa color marfil, una falda gris hasta la rodilla y una coleta alta que dejaba ver su rostro limpio. Mirarse al espejo le recordó que, pese a todo, seguía s