El otoño había teñido Londres de un color anaranjado que parecía salido de un sueño. Las hojas secas cubrían las aceras, y las luces cálidas de los escaparates anunciaban que la Noche de Brujas estaba cada vez más cerca. Para Violeta, esa fecha tenía un encanto especial: los disfraces, las historias, el ambiente festivo… todo le recordaba su infancia y las pequeñas cosas que la hacían sentir viva. Este año, sin embargo, la ilusión se mezclaba con una dosis de tensión que la mantenía en constant