El sol de la tarde entraba en suaves franjas por la ventana, tiñendo el dormitorio de un resplandor cálido. Violeta observaba las partículas de polvo flotando en el aire como si el tiempo se hubiera detenido. Habían pasado varios días desde aquella noche que partió su vida en dos, y aunque el miedo todavía latía en algún rincón de su pecho, había algo nuevo en su interior: la determinación de no dejar que ese recuerdo la definiera.
Atenea dormía hecha un ovillo sobre una manta, ronroneando con