El sonido del monitor cardíaco era lo único que rompía el silencio de la habitación. Violeta estaba sentada junto a la cama de su padre, con las manos entrelazadas sobre su regazo. Las luces del hospital eran suaves, pero aun así parecían demasiado frías para un lugar donde el amor y la desesperación se mezclaban tanto.
Él dormía, tranquilo por primera vez en días. Cada respiración pausada le recordaba a Violeta por qué seguía luchando. Su padre lo había dado todo por ella: su tiempo, su salu