A la mañana siguiente, el cielo amaneció cubierto de un gris opaco. Las gotas de lluvia golpeaban suavemente el vidrio de la ventana mientras Violeta guardaba las últimas cosas en una maleta pequeña. Su corazón latía rápido, no solo por el cambio que se avecinaba, sino por la sensación de que estaba dejando atrás algo más que su pequeño apartamento: su independencia, su refugio, su vida antes de Liam Rothwell.
Atenea estaba sobre el sofá, observándola en silencio. Parecía entender lo que ocurr