No sabía ni siquiera cómo llegué a las escaleras.
Un segundo estaba dentro de esa oficina, su oficina, siendo aplastada por sus manos y su ira, y al siguiente mis piernas se movían solas, arrastrándome hacia afuera, por el pasillo, a cualquier lugar lejos de él.
En cuanto la puerta del cubo de las escaleras se cerró detrás de mí con un golpe metálico, mis rodillas cedieron.
Me deslicé por la fría pared de concreto, mi bolso cayó a mi lado mientras mis manos volaban a mi boca, tratando de conten