Hace diez años…
La cocina olía a ajo, mantequilla y algo caramelizándose lentamente, el plato favorito de mis hijos. Estaba junto a la estufa, removiendo cuidadosamente, ya preparándome porque en esta casa, el silencio nunca era buena señal.
“Mami,” dijo una vocecita detrás de mí.
No me volteé de inmediato. Ya sabía quién era.
“Mami, ¿podemos renunciar a Enzo para la adopción?”
Cerré los ojos y suspiré profundamente. Lenta y pacientemente. El tipo de suspiro que solo una madre que ha visto tant